Aquí y Ahora
Fecha Domingo, 19 octubre a las 13:16:52
Tema


La avalancha informativa originada en el Norte sobre la crisis financiera de Estados Unidos pretende engañar a los pueblos de las naciones latinoamericanas sobre sus orígenes y soluciones. La realidad muestra que los grandes banqueros han jugado los recursos en el mercado bursátil cual si fuera un casino de especulación financiera facilitadas por el modelo capitalista neoliberal. Ante la crisis han optado por pedir ayuda al Estado para salvar la situación que tiene sus efectos mundiales.



Al analizar la brutal crisis financiera actual Joseph E. Stiglitz, catedrático de la Universidad de Columbia, premio Nobel de Economía y ex prominente funcionario del Banco Mundial, recordando el principio válido para el medio ambiente de que “quien contamina paga”, ha dicho que Wall Street ha contaminado la economía con hipotecas tóxicas y, por tanto debería pagar la limpieza.

Pero todo indica que los multimillonarios recursos públicos que se están invirtiendo en muchos de los países ricos para intentar “salvar” al sistema financiero se orientan, en última instancia, a preservar las superganancias de los sectores parasitarios de esas sociedades. De aquellos que estuvieron dedicados a la especulación financiera, facilitada tanto por las nuevas tecnologías, como por un modelo capitalista neoliberal, que propicia y facilita dichas transacciones con el señuelo de que semejante acumulación iba a permitir que las migajas “goteen” hacia los de abajo.

Ahora que las papas queman, los adoradores del mercado, los que difundieron e impusieron el evangelio del mercado, denigrando y arrinconando al Estado, son los primeros en apelar a él para intentar salvar la situación. El Estado “dejó de ser el problema para volver a ser la solución” dice Boaventura de Sousa Santos, profesor universitario en Portugal y EE.UU. Y añade que “el capital tiene siempre al Estado a su disposición, ora por vía de la regulación, ora por vía de la desregulación”.  Después de habernos impuesto por décadas y a sangre y fuego el modelo del libre mercado, optan por la intervención del Estado para que les saque las castañas del fuego, “nacionalizan” bancos quebrados y gastan el dinero de los contribuyentes para lanzar salvavidas a los culpables del descalabro financiero.

Como siempre, los costos de la crisis se los descargará sobre la misma población, víctima de la pérdida de sus empleos, de sus viviendas y de sus fondos de pensiones. Y es más todavía, por diferentes vías buscarán transferir una parte sustancial de los costos de la crisis hacia nuestros países.
Pero los tiempos han cambiado. Ya no es tan fácil que nos quieran hacer pagar la factura de sus juergas financieras y sus guerras coloniales.

Como sostiene el profesor universitario antes citado, la declinación de Estados Unidos como potencia mundial ha alcanzado un nuevo nivel; el FMI y el Banco Mundial dejaron de tener la más mínima autoridad para imponernos sus recetas; la privatización de la seguridad social quedó al desnudo ( “es éticamente monstruoso que sea posible acumular fabulosas ganancias con el dinero de millones de humildes trabajadores y abandonarlos a su suerte cuando la especulación sale mal”); el Estado institucionalmente destruido por el neoliberalismo regresa como solución; la nueva globalización globalizará también los movimientos sociales y éstos tendrán mayor fuerza y eficacia para profundizar los cambios democráticos que nuestros países necesitan y las nuevas reglas del juego que hacen falta en las relaciones internacionales.

En ese contexto, el proceso que vive Bolivia tiene ante el mundo la enorme responsabilidad de demostrar que los cambios necesarios son también viables y posibles.



Al analizar la brutal crisis financiera actual Joseph E. Stiglitz, catedrático de la Universidad de Columbia, premio Nobel de Economía y ex prominente funcionario del Banco Mundial, recordando el principio válido para el medio ambiente de que “quien contamina paga”, ha dicho que Wall Street ha contaminado la economía con hipotecas tóxicas y, por tanto debería pagar la limpieza.




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